El mundo lleva una velocidad de vértigo. Quizás sólo nos demos cuenta si nos paramos a pensarlo. En poco tiempo, la vida puede dar un giro de más de 180º, y es lo que a mí y a muchos de vosotros nos ha pasado. Si tuviera que resumir lo que llevamos de 2010…
Todo volvió a empezar el día de Nochevieja. Esa noche era una noche de fiesta, iba a salir con mis amigos y sabía que me lo pasaría genial. Además, llevaba unos días bastante felices porque había retomado el contacto con mi ex, al cual no había olvidado. El caso es que esa noche me marcó. Conseguimos entrar casi a las dos de la mañana en El Fiesta, y fue irse mi prima y llegar él… Estaba allí, aún no me había visto, pero me armé de valor y fui a saludarle, por primera vez, cara a cara tras dos meses sin haberle visto. La verdad, fue un encuentro agradable, aunque él estuviera un poquito tocado por el alcohol. Se pasó toda la noche abrazándome, buscando excusas de cara a sus amigos para poder verme (esto me lo confesó al día siguiente) y al final de la noche, cuando yo ya me iba, salió a despedirme y… nos besamos. Me di cuenta de lo mucho que añoraba aquellos labios. Y después comiéndome la cabeza, porque no sabía si había hecho bien o mal. Mi respuesta, la obtuve el 3 de enero por la tarde, tarde en que decidimos quedar. Y, tras una “cita” maravillosa, decidimos retomar la relación, pero esta vez sería enserio, esforzándonos, luchando para que ningún problema nos separara. Parecía que esta vez todo funcionaría y al fin seríamos felices juntos. De hecho, incluso el día 7 decidí quedarme allí en Valencia con él, y hasta comí con sus padres, cosa que podrá pareceros normal, pero era algo que yo antes nunca había hecho. Esa noche, en lugar de volver a mi casa, tuve que quedarme allí con él, ya que aquí nevaba y no resultaba fácil regresar. De repente, me encontré en su cuarto, a punto de hacer el amor con él por la que sería la última vez. Pero de primeras, no pude. Empecé a llorar y llorar desconsolada. Había un motivo: durante este tiempo que estuvimos separados él me contó que se había acostado con una amiga suya para intentar olvidarme. De pensar que aunque no estuviera conmigo había sido capaz de algo así queriéndome todavía… me asaltaron dudas. Cuando quise darme cuenta, lágrimas también se deslizaban por su rostro. Me confesó la verdad, la cual a día de hoy no sé si debí creer: no se acostó con su amiga, me contó eso para comprobar si aún lo amaba de verdad. Cierto es que me gustó más esta versión de la verdad, pero de pensar que me había mentido en algo tan serio… aún me hundí más. Más tarde, consiguió consolarme, me sacó una sonrisa como tantas otras veces hizo en el pasado… y al final hicimos el amor de la manera más romántica, que yo recuerde, que hasta ahora lo había hecho. Los días de después no pudimos vernos, pero nos llamábamos todos los días. Era muy feliz. Pero el fin de semana siguiente me volvió a suceder lo mismo: me acordé de sus mentiras y del daño que a pesar de todo me había hecho, y empecé a llorar nuevamente. Lo quería mucho, pero supe enseguida que él me volvería a decir adiós por mi actitud, y sabía que él me quería mucho, pero supe que seguramente yo no podría tampoco seguir con aquello. Al día siguiente fui a su casa a pedirle perdón antes de que volviera a Valencia… pero no sirvió de nada. Me pidió un tiempo… cosa que hace cuando quiere dejarme, y lo hizo a la semana cuando intenté hablar con él nuevamente. Ahí, acabó nuevamente nuestra historia, sólo que esta vez, y aunque me doliera en el alma, decidí que fuera para siempre.
Ese mismo día conocí por Internet a un chico estupendo. Era simpático, divertido… en cierto modo, creo que ya noté un poco lo que a día de hoy se llama feeling. Supo animarme cuando más necesitaba que alguien me sacara de ese vaso de agua en el que yo sola me estaba ahogando. Seguí hablando con él los sucesivos días, de hecho, pasaba horas y horas hablando con él, parecía que nos conociéramos de toda la vida. Incluso empezamos a gustarnos. Por una parte, pensaba que eso era genial, ya que ese nuevo sentimiento que surgía en mi corazón me hacía pensar que éste no había muerto en vida, que podía latir por otra persona, que podía seguir sintiendo amor… Pero por otra parte, el miedo me corroía, y pensaba que ciertamente era muy pronto para iniciar algo con alguien nuevamente. Sabía, al menos, que este chico no iba a ser un clavo que me sacaría al otro, sino que me gustó por ser él mismo. Así que, sin pensarlo, cuando me propuso quedar para conocernos en persona (idea loca que también pasó por mi mente) dije que sí sin dudarlo. Nuestro primer encuentro fue como la seda, es más, hice lo que ya iba diciéndole los días anteriores: le besé. Supe en ese momento que esa nueva personita, ya especial para mí, iba a entrar en mi vida en principio para quedarse. Unos nuevos labios, una nueva mirada con una nueva luz, una nueva sonrisa que hacía apartar hasta la más hostil tormenta. Tras muchos meses de angustia, por fin había alguien que había conseguido lo imposible: hacerme feliz. La gente empezó a enterarse, a conocer al muchacho y a todos caía bien, se alegraron profundamente por mí y de la suerte que había tenido al encontrar a alguien así. Hasta yo estaba sorprendida de que alguien así de maravilloso se hubiera fijado en mí, sigo sin saber que vio exactamente. Cuando ya hicimos un mesecito, ocurrió algo… que debí haber supuesto: mi ex volvió a hablarme. Decía que quería quedar conmigo una última vez, que no se hacía a la idea de estar sin mí, que añoraba mis besos y caricias… parecía realmente desesperado por recuperarme. Vi lo mal que estaba, y yo no podía evitar sentirme culpable, de hecho, la culpa de todo parece ser que a sus ojos siempre la tuve yo. Pero tenía las ideas claras: no iba a volver con él. Ya no sentía lo mismo por él. Reconozco que sigo pensando en él, que le sigo teniendo un inmenso cariño, y que una parte de mi ser se quedó con él e irá allá donde él vaya… pero lo nuestro ya no podía ser. Aunque no hubiera tenido pareja, no pensaba darnos otra oportunidad. Ya las hubo, y no pocas. Incluso esta última vez fingía comprenderme… pero sabía que no era así, hablaba la voz de su soledad y de su desilusión por ver que después de tanto jugar conmigo a las marionetas los hilos que me manejaban se habían roto. He pasado días tristona pensando en el daño que le he hecho, ya que el chico me importa, pero en la vida hay que seguir sin intentar mirar atrás. Sé que él estará mejor sin mí, de no ser así no me habría mostrado tantas veces su rechazo, y sé que tarde o temprano conseguirá ser feliz, se lo merece. Al igual que yo también creo que me lo merezco y lo estoy consiguiendo, con un nuevo amor a mi lado, con una persona a la cual amo con locura y con razón, y por la que espero sentir miles de cosas nuevas, sensaciones fuertes, vivir cada día como si fuera el último… abrazarle, y no dejarle ir. Es muy fuerte el dolor de la pérdida y el rechazo…
No hay comentarios:
Publicar un comentario