01 febrero 2010

Y ya las puertas cerraron ante sus ojos



Y ya las puertas cerraron ante sus ojos. Las oportunidades pasan… y, por alguna razón, siempre las dejamos pasar. Es triste sí, pero es la realidad.

Era una fría tarde de otoño, anochecía. Decidí volver a casa. Estaba allí sentado, frente a la chimenea, observando cómo la madera se consumía lentamente. Sin embargo, en el reflejo del cristal pude comprobar que, efectivamente, volvía a estar como siempre: hecho polvo, llorando, mirando sus arrugadas manos, sintiendo cómo su corazón latía sin sentido…
Ella ya lo había rechazado en diversas ocasiones; él, perseverante, jamás se rindió. A cada segundo pensaba en ella, luchaba por su amor, esperando a cambio un mínimo rayo de luz, una leve sonrisa, una simple caricia. Para él, aquello, era todo un mundo. Lo que nunca sabrá es que ella moría por su amor; simplemente lo rechazaba por orgullo, por lo que pudieran pensar. Y el día en que decidió no dejar pasar la maravillosa oportunidad que le ofrecía la vida para concederle el amor, él había desaparecido. Ella, creyendo que jamás volvería a saber de él, se suicidó, arrepentida por todo el daño que le había provocado durante años al mejor hombre que había encontrado en su vida. Y para cuando él volvió… ya era tarde. Dejaron pasar su oportunidad.

Ahora, ella yacía sobre un lecho de flores silvestres, y el moría en vida.
Y ya las puertas cerraron ante sus ojos. Las oportunidades pasan… y, por alguna razón, siempre las dejamos pasar. Es triste sí, pero es la realidad.

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