
La felicidad no existe. Es lejana, inalcanzable, es esa estrella del firmamento que queremos tocar… pero nos tenemos que conformar con admirarla cada noche.
En la vida cotidiana, es lo mismo. Intentamos trazar eso que conocemos como el camino hacia la felicidad y, bien pensado, es un esfuerzo un tanto inútil. Cuando una cosa nos va bien, otra nos va mal, y cuando todo va bien, pensamos que es imposible que todo vaya como la seda, y esa idea nos amarga y no nos deja ser felices. Nunca, nadie, podrá decirnos qué es la felicidad, puesto que nadie, nunca, podrá vivirla plenamente. Podremos sentirnos contentos, eufóricos, orgullosos, enamorados… nunca felices.
Quizás deberíamos aplicarnos la filosofía de Platón, y viajar con él al mundo de las ideas mediante el aprendizaje obtenido en esta vida, para alcanzar así esa perfección que tanto anhelamos, para descubrir los placeres que la cruel realidad no puede ofrecernos… para alcanzar así la auténtica felicidad.
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